6/5/15

Crean un consolador especial para viudas

Gracias a un original invento, las viudas pueden recrear buenos momentos que pasaron con su difunto esposo. 

En 1901, el médico Duncan Mac Dougall pesó a seis pacientes a punto de morir de tuberculosis en un asilo de ancianos, esto para determinar si el alma tenía masa. 

Cuando las personas fallecieron, les volvió a tomar el peso, y llegó a la conclusión de que el peso del alma es de 21 gramos. De allí viene el nombre de la marca “21 gramos". 

Mark Sturkenboom creó el kit perfecto para una experiencia eterna: la de reencontrarse con el ser amado tras haberlo perdido. “21 gramos” es la caja de memoria que acerca a una persona al ser amado después de la muerte. 

La famosa caja está compuesta por tres elementos fundamentales: un atomizador que contiene el perfume característico del individuo, altavoces internos con los que es posible amplificar la música favorita del susodicho, y lo más importante: un recipiente de vidrio con 21 gramos de sus cenizas. 

Sturkenboom describe el proyecto de esta manera: ‘’21 gramos’ es una caja de memoria que permite volver a los recuerdos íntimos de un ser querido perdido. Después de un paso, la falta de intimidad con esa persona es sólo un aspecto de dolor y duelo, ya que la urna ofrece la posibilidad de ahorrar 21 gramos de ceniza de un enfermo, inmortalizándolo de esta manera. 

Al reunir diferentes momentos nostálgicos como el aroma de su perfume y su música preferida se abre una ventana para retornar a los momentos de amor y se es capaz de tener una noche íntima con esa persona. 

Además, el kit únicamente puede abrirse con una llave especial que funciona como collar y sólo debe usarse por el dueño, debido a que se trata de algo sumamente personal. 

Hay quienes se preguntan si la urna no traerá incluso más dolor y depresión en algunos sujetos pues en ocasiones es mejor dejar ir, ya que de cualquier manera los recuerdos nunca morirán. Sturkenboom, creador de este “kit fúnebre”, explicó en una entrevista que un caso cercano le inspiró para diseñar el producto. 

​“Yo solía ayudar a una anciana que tenía un negocio de comestibles, y guardaba las cenizas de su marido en una urna junto a la ventana. Ella siempre se refería a él con un profundo amor, pero el frasco donde lo guardaba no lo reflejaba en absoluto”.

1 comentario:

Julia L. Pomposo dijo...

Ver para creer, a mi ya no me sorprende nada de este mundo.
Saludos